viernes, 16 de diciembre de 2016

El bisturí

¡Hola, amigos de letras!

Tras una semana de ausencia a consecuencia de que se me rompió el ordenador, estoy de vuelta con el blog. Hoy os traigo un relato de terror que escribí hace un año. Ahora, al leerlo después de tanto tiempo, ya no me gusta tanto el estilo, pero la idea me sigue encantando. ¿A vosotros también os pasa que, cuando leéis vuestros propios escritos de hace años ya no os gustan igual?


EL BISTURÍ

Noemí Hernández Muñoz 


 El bisturí abre la carne limpiamente. Es extraño: en el quirófano sólo estamos la paciente y yo. La luz falla a veces y me falta instrumental. Pero es una operación a corazón abierto. ¿Dónde está mi equipo médico? ¿Y mi enfermera? ¡Joder! No tengo tiempo…


Tengo que acabar la operación lo antes posible. No puedo dejar las cosas a medias, la chica podría desangrarse. Ahora tengo que hacer una diminuta incisión, algo minúsculo…

¿Y la lupa de aumento? ¡Mierda! ¡Necesito material!

La muchacha se estremece y suspira. ¡Se está despertando! ¿Y el puto anestesista?

Con el sudor bañándome la cara y el corazón latiendo en mis sienes, respiro hondo y me dispongo a hacer el corte. Las manos me sudan mucho. ¿Por qué no llevo los guantes?

¡Bah! ¡Ya es tarde para ponérmelos! No puedo dejar así a un paciente. Voy cortando despacio, muy despacio… Una pequeña incisión… Muy pequeña…

La chica vuelve a suspirar en sueños. ¡Joder! ¡Tengo que acabar rápido! Si despierta, puede moverse y estropear la operación. Las manos me sudan demasiado… El bisturí se me resbala y tengo que cogerlo con más fuerza. Quizá, si aplico más presión, consigo hacer el corté más rápido... Sí, un poco más y todo acabará. Sólo unos instantes…

 —Me haces daño…

La voz de la muchacha me ha sobresaltado y… ¡No! ¡He cortado de más! ¡La he
apuñalado!

La máquina que me indicaba que estaba viva emite un pitido fúnebre al mismo tiempo que la joven se incorpora con un espasmo. Sus ojos, turbios de anestesia, me miran con una fijeza aterradora. El bisturí sigue clavado en su cuerpo y la sangre mana de la herida abierta, a pesar de que su corazón ya no late.

 —Me has matado —dice—. No eres un médico: eres un asesino.

***

Me he despertado cubierto de sudor. No puedo seguir trabajando en el hospital.
Desde que murió esa chica, no he dejado de pensar en ella. Antes de entrar al quirófano me miró preocupada y yo le sonreí y le dije que todo iría bien, pero no fue así. Era muy joven y estaba llena de esperanzas, pero por un fallo mío y no volverá a sonreír. Por eso viene cada noche a atormentar mis sueños. No puedo seguir siendo médico. 


¿Qué os ha parecido? Espero que os haya gustado y, sobre todo, ¡espero vuestros comentarios!

Aprovecho para recordaros que sigue vigente el sorteo de la novela de Núria Graell Coll y que pinchando en el enlace podéis ver las bases para participar.

Ah, y si os ha gustado en relato y queréis descargarlo, podéis hacerlo desde aquí.