viernes, 19 de mayo de 2017

Lupa: quinta parte (el desenlace)

¡Hola, amigos!

¿Qué tal la semana? Espero que muy bien. Por mi parte, muy bien y trayendo buenas noticias: ¡al fin he terminado el relato de Lupa! Parecía eternizarse, como me pasó con el de Montserrat, pro al fin lo he terminado. Se ha quedado bastante breve, ya que no sobrepasa las ocho páginas, pero estoy contenta con el resultado. Eso sí, imagino que dentro de unas semanas le daré un repasillo para asegurarme de que no he dejado muchas redundancias ni errores de estilo. Pero corto el rollo y os voy al lío:

Si os apetece consultar las primeras partes del relato, aquí os las dejo:


Y ya os traigo el desenlace. ¡Espero que os guste!


LUPA

Quinta parte

Noemí Hernández Muñoz






En el interior, iluminado por velas, la Loba se mecía al son de una música inexistente. El Baboso, sentado en un sillón viejo y raído la observaba con un embeleso impropio de una persona cuerda. Al menos, así lo imaginaba Princesa, que sólo veía su cabeza calva por la espalda y sus brazos apoyados sobre el tapizado del sillón.

Poco a poco, la Loba empezó a quitarse la ropa. Primero, las botas altas, seguidas por la blusa. Siguió meciéndose con lentitud, mientras el Baboso permanecía inmóvil. Luego, su minifalda cayó al suelo. Desde fuera, Princesa pudo oír el golpe de la hebilla del cinturón al llegar al suelo. Casi tan fascinada como el viejo sádico, siguió contemplando aquella danza sensual y extraña.

La luz de las velas dibujaba formas misteriosas sobre el cuerpo de la Loba, que se desprendió de las medias red y la lencería. De nuevo tenía aquella mirada, enigmática y amenazadora, que le había visto en el club.

El baile duró unos minutos más. A Princesa se le antojó que su silueta era borrosa bajo esa luminosidad roja y tambalenate. Pero su fascinación por la gracilidad de sus movimienos no disminuyó. Al mismo tiempo, le pareció notar, incluso desde fuera de la cabaña, que el olor a almizcle de aquella mujer se hacía más intenso y lo invadía todo. Era un olor salvaje, peligroso, que le hizo sentir miedo.

Pensó en apartarse de la ventana y volver al coche. Era evidente que sólo estaba haciendo un streptease privado y que todo acabaría en una noche de sexo. No había nada de raro en eso. Pero el instinto le decía que había algo más, un secreto horrible que no tardaría en descubrir y que le cambiaría la vida por completo. Por primera vez desde que había iniciado aquella aventura, temió por su vida de verdad. Pero la curiosidad pudo más y se forzó a permanecer espiando a través de la ventana aun a riesgo de ser descubierta.

Mientras dudaba, la Loba detuvo su balanceo de forma repentina. Princesa tragó saliva, notando que ese olor se intensificaba y la figura de aquella mujer se volvía más borrosa que nunca. Le pareció que toda aquella escena que siguió después se sucedía a camára lenta.

La Loba caminó los pasos que la separaban del Baboso, que abrió los brazos para recibirla en su regazo. Ella se sentó a horcajadas sobre él y le acarició una mejilla al tiempo que lo miraba a los ojos.

Desde su posición, Princesa desentrañó la malignidad de esa mirada. Pero aquello no fue lo más insólito. Princesa no podía dejar de mirar la mano que la Loba había puesto sobre la mejilla del Baboso.

«Le han crecido las uñas desde que salimos del club», pensó tontamente.

Pero lo cierto era que las tenía más largas. De hecho, la mano parecía más grande, la misma Loba parecía más alta y fuerte que antes.

Princesa agitó la cabeza, tratando de sacudirse aquellos pensamientos ridículos de la cabeza. «Estoy demasiado cansada. Es eso», se dijo, tratando de convencerse de que todo aquello era tan irreal como parecía.

En el interior de la cabaña, el Baboso posó una mano sobre uno de los pechos de la Loba con cierta timidez, como si aquella fuera su primera vez. Ella esbozó de nuevo aquella sonrisa llena de misterio y amenaza. Desde fuera, Princesa se estremeció.

«Lo va a matar», supo en ese mismo instante. «¿Cómo no se da cuenta? ¡Lo va a matar!».

Durante un instante, dudó si entrar para impedir aquello que estaba segura de que sucedería. Pero permaneció quieta y con la respiración agigitada. Iba a ver morir a un ser humano. Pero ese ser humano era el Baboso. Era uno de esos hombres que maltrataban y despreciaban a las mujeres, de esos que creía que unas monedas compensaban una humillación, de esos que pensaban que una violación era sexo. Princesa respiró hondo una, dos, tres veces y se dispuso a contemplar el resto.

En ese mismo instante, la Loba apretó un poco más la mano sobre la mejilla de su presa. Princesa ahogó un grito de sorpresa. Aquella mano había vuelto a agrandarse. Sus uñas eran largas como garras y se clavaban sobre la piel del Baboso, que acariciaba su espalda como si no se diera cuenta de lo que sucedía.

La expresión de la Loba cambiaba por instantes. Ya no ocultaba su amenza bajo una máscara de misterio. Princesa casi pudo sentir cómo el rostro del Baboso pasaba de la adoración al miedo mientras la Loba sonreía inquietante. Su cuerpo mutó con una convulsión y de nuevo a Princesa le pareció que crecía. Pero esta vez, lo había visto.

El Baboso trató de quitarse a la Loba de encima, pero ella lo retuvo y, con un poderoso movimiento, hundió la cabeza en el hueco de su cuello.

Princesa observó cómo los brazos de su víctima se contraían en espamos defensivos y después caían con la flacidez de la muerte a ambos lados del sillón.

La joven temblaba, pero, en el fondo, no había sentido nada. No podía sentir pena por él. Permaneció unos segundos que parecieron eternidades frente a la ventana. No era capaz de moverse. Entonces, la Loba levantó la cabeza y la miró, con el rostro teñido por la sangre. Princesa sintió en lo más profundo de su ser su regocijo y comprendió la mirada que le había dedicado al salir del club. «Sabía que la seguiría», pensó.

La mujer-lobo esbozó una sonrisa con sus rasgos semihumanos. Princesa sabía que debería sentirse asustada, pero no era así. Siguió observando aquellas facciones mutadas hasta que se completó su transformación. Ni siquiera apartó la mirada cuando la vio comer.

Unos minutos después, la Loba salió de la cabaña. De nuevo, su cuerpo había adoptado proporciones humanas, pero la sangre seguía cubriéndola. Princesa la esperaba fuera, todavía junto a la ventana.

La Loba se acercó a ella, sonriendo. Por primera vez, su sonrisa le pareció amistosa de verdad.

—Me alegro de que hayas venido —le dijo con una voz más grave y ronca de lo que recordaba—. ¿Me ayudas a ocultar el cadáver?

Princesa asintió, sobrecogida y curiosa a un tiempo. Se sentía como una niña descubriendo un juego nuevo.

La Loba dio unos pasos hacia ella y la abrazó. Princesa aspiró su olor potente y salvaje y cerró los ojos cuando le mordió el cuello con suavidad. El contacto la estremeció del excitación y, cuando los labios de la Loba se separaron de su cuello, sonrió.

La Loba la miró a los ojos con expresión alegre y Princesa notó cómo se extendía por sus venas un poder primigenio que la llenaba de exultación y la hacía jadear de placer. Entonces, la Loba la besó y Princesa degustó el sabor de la sangre del Baboso y la de todos los malnacidos que le habían hecho daño. Supo que esa no sería la última noche que bebería del néctar de la venganza.





¿Qué os ha parecido el final? Espero que os haya gustado leerlo tanto como a mí escribirlo. Os dejo un apunte erudito por si no entendéis el por qué del título Lupa:

En latín, la palabra lupa significa loba, pero los antiguos romanos también la utilizaban para nombrar a las prostitutas. De hecho, de lupa nos viene la palabra lupanar.

Seguro que conocéis la historia de Rómulo y Remo, los fundadores de Roma. Se dice que fueron niños abandonados a los que una loba amamantó, ¿verdad? Pues hay teorías de que esa loba no era un animal, sino una prostituta. No sé hasta que punto es así, en cualquier caso, me parece un dato interesante.

En este relato he tratado de juntar la figura del hombre lobo (en este caso, mujer loba) con la etimología de la palabra lupa. Ya os toca a vosotros juzgar si ha salido bien o no.

Por cierto, si os ha gustado mucho o lo queréis tener en el ordenador para leerlo con más tranquilidad, desde aquí lo podéis descargar en pdf.

¡Eso es todo por hoy, amigos! ¡Espero vuestros comentarios!

2 comentarios:

  1. ¡Guau! O mejor ¡Auuuu! Desde luego es difícil no ponerse del lado de esa loba y su sentido de la justicia. Sensualidad, misterio, venganza y hasta la perpetuación de una estirpe. Una historia muy entretenida en la que has trasladado esa punto erótico a los licántropos algo que parecía reservado a los vampiros. Un abrazo!!!

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    1. Sí, me pareció interesante darle sensualidad a la loba. Como dices, ese toque de seducción siempre se lo han llevado los vampiros. Pero también era necesario para hacer su venganza más cruel y darle más sentido.
      Un abrazote!

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