¡Hola a todos, amigos!
Esta semana he estado desconectada de todo porque quería prepararme muy bien el discursillo de la presentación de mi novela, que se llevó a cabo ayer.
Sé que hoy tocaba continuar con el relato de Lupa (y prometo que continuará el próximo viernes), pero quería compartir con todos vosotros una entrada especial sobre la presentación.
Así que empiezo:
Todo comenzó el día en que asistí a la presentación del libro de uno de mis profes de historia en mi pueblo, hace unos meses. Al concluir esa presentación que, por cierto, estuvo la mar de entretenida, me envalentoné un poquito (siempre se ha dicho que el que no llora, no mama) y le pregunté a la alcaldesa, que presidía y moderaba la mesa, y a Mari Carmen, una trabajadora del ayuntamiento que había organizado el evento, si yo podía presentar mi novela. Los que me conocen mejor, saben que soy muy torpe socialmente y que me cuesta ser espontánea, así que imaginadme: me puse colorada como un tomate y hasta creo que tartamudeé un poco... ¿Qué le voy a hacer? Me encasquillo cuando estoy nerviosa o quiero decir algo rápido, ja, ja, ja.
Afortunadamente, fueron de lo más amables conmigo y accedieron a mi petición, así que, unos meses después, preparé el cartelito para empapelar el pueblo con él.
Tuve mucha ayuda con el cartel, Hubo mucha gente que quiso ayudarme y yo, por supuesto, acepté su ayuda porque, como sabéis por lo que me costo diseñar la portada de El poder del medallón, manejar Photoshop me cuesta la vida misma. Las personas que me ayudaron con él fueron la escritora y amiga Ana Traves, el también escritor Miguel A. Fuentes (más conocido en las redes como Phylax Stauros) y el aspirante a escritor Job Gómez García. Aunque los tres me presentaros diseños muy chulos, al final, el ayuntamiento se quedó con el de Miguel A. Fuentes con unos breves retoques que yo también le di.




