viernes, 31 de marzo de 2017

El reflejo de una mentira

¡Hola, amigos!

Hoy os traigo un relato breve con el que participé en un especial que se organizó hace unas semanas con motivo del estreno de la nueva película de La Bella y la Bestia. Aún no he ido a verla, ¿os lo podéis creer? Pero la veré, sí o sí.

De momento, os dejo este relatito inspirado en Gastón, el malo malísimo. Os advierto que no es mi mejor relato, precisamente. Lo escribí de corrido para este especial y apenas lo repasé un par de veces. Aun así, espero que lo disfrutéis.



EL REFLEJO DE UNA MENTIRA


Noemí Hernández Muñoz





Gastón se asomó al espejo una vez más. Estaba impresionante, como siempre. Bella no podría decirle que no. ¿Cómo iba a hacerlo? Todas las chicas de la aldea se morían por sus huesos. Bella no podía ser diferente. Lo había rechazado esa misma mañana, sí, pero sólo lo había hecho para hacerse la difícil.


A muchas chicas les gustaba hacerse las duras. Le Fou lo decía. Y no es que Le Fou fuera precisamente un lumbreras, pero había que reconocer que tenía mucha intuición para esas cosas.

¿Y quién no querría estar con él? No tenía sentido que fuera de otra forma. Desde que tenía memoria, todas las mujeres que conocía le habían dicho que era el niño más guapo del pueblo. Pero eso no era suficiente y Gastón lo sabía.

Su padre siempre le decía que con una cara guapa no llegaría a ningún sitio, que para ser el mejor debía ser muy hombre, el más macho de todos. Por eso, Gastón había aprendido a cazar desde muy joven. No había nada más varonil que matar bestias más grandes que uno mismo. Quería que su padre se sintiera orgulloso y, para ello, debía demostrarle que era el mejor.

No tenía sólo «una cara guapa», como le decía él, sino que, además, era el mejor cazador que se había visto nunca por aquellas tierras. Incluso los más ancianos lo decían. Y nunca era fácil complacer a los ancianos cascarrabias. Por si fuera poco, todas las chicas casaderas lo admiraban. Más de una le había insinuado que quería algo más que su amistad. Eso era de ser muy macho. Tan macho como quería su padre que fuera.

Pero para completar aquella perfección, le faltaba una esposa. Y no podía ser cualquiera: tenía que ser la mejor.

Todos decían que Bella era la joven más hermosa, así que debía ser ella. Poco importaba que no la quisiera. Tampoco era relevante que ni siquiera le gustaran las chicas. Debía ser el mejor por su padre.

Le Fou no había ocultado su decepción cuando le había dicho que iba a pedir a Bella en matrimonio, pero le había apoyado. Era su mejor amigo y siempre lo hacía.

Gastón cogió el jubón nuevo del armario y se lo probó ante el espejo. La imagen que le devolvía era la de un apuesto y fuerte galán. Pero, curiosamente, no se sentía así.

Comenzó a peinarse mientras su mente divagaba. Casi no veía la imagen que se reflejaba en aquella superficie pulida. ¿Estaría haciendo lo correcto? Bella era la mejor opción para conseguir la aprobación de su padre y lo sabía, pero no estaba seguro de si podría continuar escondiendo lo que realmente era mucho más tiempo.

Le Fou sabía la verdad, de eso estaba seguro. Más de una vez se habían buscado el uno al otro durante alguna de esas cacerías que se prolongaban durante días y habían puesto de por medio la excusa del frío para abrazarse. Gastón sentía algo por su amigo. A menudo creía que él también, pero nunca se había atrevido a traspasar la frontera. Era más fácil ocultarlo. Aquello no era de machos de verdad. Su padre lo repudiaría si tuviera la más mínima sospecha de lo que de verdad era. Por eso Gastón tenía que ser el mejor. Y para serlo necesitaba a Bella.

Mientras se daba la última pasada con el peine, miró su propio reflejo y no se reconoció. Aquel joven no era un galán, era un monstruo por negarse a sí mismo. Pero incluso los monstruos deberían ser aceptados por sus padres.




Y eso es todo por hoy. Espero que os haya gustado.

Ya sabéis que, si os apetece, os lo podéis descargar aquí.

¡Un abrazo y hasta la próxima!