sábado, 29 de abril de 2017

LUPA (segunda parte)



¡Hola, amigos!

Ya os traigo la segunda parte de Lupa. Me ha salido cortita porque esta semana tampoco he tenido mucho tiempo, ya que el jueves tuve la presentación de El poder del medallón en el instituto de mi pueblo. Por cierto, ¡los profes se están planteando ponerlo de lectura para los chicos de 2º de la ESO el próximo curso!

La semana que viene ya no tendré la agenda tan apretada, así que podré hacer las publicaciones a su debido tiempo y tendrán la extensión normal.

Si queréis refrescar la memoria y leer de nuevo la primera parte de Lupa, pinchad aquí. Y ya, sin más preámbulos, os dejo con la segunda parte de este relato:



LUPA

Noemí Hernández Muñoz



La Loba pasó junto a ella sin mirarla en dirección a los camerinos, a pasos tan ligeros que cortó el aire. Princesa la siguió con la mirada, sintiendo en el ambiente su olor, almizcleño y salvaje.


La observó mientras ocupaba uno de los asientos ante el tocador y se retocaba el maquillaje. Las otras chicas se apartaron de forma instintiva, lanzándole miradas de reojo. «Le tienen miedo», meditó Princesa. «Le tenemos miedo. No es normal, tiene algo extraño y eso se nota».

Poco a poco, las chicas fueron cortando su parloteo y se marcharon. En apenas unos minutos, el camerino se vació hasta que solo quedó la Loba. Aquello sólo fue la confirmación de los pensamientos de Princesa. La Loba tenía algo que daba miedo. No sabía lo que era, pero aquella noche lo descubriría.

Como si hubiera oído sus pensamientos, la Loba giró la cabeza hacia ella y la miró. Desde el marco de la puerta del camerino, Princesa sintió que se sobresaltaba. La fuerza de aquella mirada era aterradora. Se obligó a mantener la compostura.


—Te toca salir en media hora —le dijo, fingiendo un tono ligeramente autoritario. La voz le flaqueó ante aquellos ojos negros—. ¿Estás... estás nerviosa?... —añadió con un tono mucho más amable.

«¡Imbecil!», se riñó mentalmente. «No podías haber hecho nada más idiota...».

Para su sorpresa, la Loba esbozó una leve sonrisa y a sus ojos asomó cierto brillo burlesco. Princesa nunca la había visto sonreír. Tampoco hablar. Pero aquella noche hizo las dos cosas. Sin saber por qué, se estremeció al oír su respuesta:

—Son ellos los que deberían estar nerviosos.




¿Qué os ha parecido? Espero que os siga gustando. Soy consciente de que no he hecho muy bien los cortes del relato, ya que se podría haber juntado perfectamente esta parte con la anterior, puesto que ambas forman parte (de forma estructural, quiero decir) de la introducción del relato, pero todo se debe a lo escasa de tiempo que he estado. ¡ Mil disculpas! La semana que viene colgaré al tercera parte, que espero que sea la última, aunque intuyo que va a ser un relato largo. Quizá no tanto como Montserrat, pero bastante largo...

¡Hasta la semana que viene, amigos!