viernes, 23 de septiembre de 2016

Las mujeres con el pelo corto

¡Hola a todos!

Hoy estoy de buen humor y me apetece algo divertido, así que os traigo un relato de humor. ¡Que no os engañe la imagen!


LAS MUJERES CON EL PELO CORTO

Noemí Hernández Muñoz



Juan llegó al centro comercial. Había quedado con su mujer y Salva, su amigo de toda la vida, para ir al cine. Antes de comprar las entradas, decidió pasarse a mirar el precio de las verduras, tal y como le había encargado Ana, su mujer.


Y en la sección de frutería del centro comercial fue donde vio por primera vez al amor de su vida. Trabajaba en la caja. Su sonrisa deslumbrante, su pelo rizado y sus ojos verdes lo conquistaron enseguida. Juan nunca había sentido algo así. Y el sentimiento, por lo visto, era mutuo. Ni siquiera le dio tiempo a pensar en su mujer. Aquella belleza se lo comía con los ojos. Le sonrió tímidamente y le pidió los productos que necesitaba.
—¿Algo más, guapetón?
Aquella voz era dulcísima y profunda y la tentación, irresistible. Juan se pasó  la mano por el pelo y se humedeció los labios con la lengua. Casi de inmediato, sintió que más abajo de su cintura había una presión que luchaba contra el tejido de sus pantalones.
Sólo por seguir unos segundos más junto a aquella presencia de seducción, añadió un producto a la lista de la compra. No le pasó desapercibida la forma en que aquella preciosidad acariciaba los pepinos antes de introducirlos en la bolsa de plástico… Quería algo con él. Seguro.
—¿Cómo te llamas? —se atrevió a preguntarle con voz temblorosa.
—Alberto —contestó el dependiente con una mirada lujuriosa.
«Alberto. ¡Qué nombre más musical! ¡Qué dulce!» pensó Juan.
—Mi turno acaba en diez minutos… —añadió el dependiente con aire juguetón.
Ante semejante propuesta, Juan no podía negarse. Cuando acabó su turno, Alberto lo llevó a los probadores de ropa que del centro  comercial para disfrutar de ciertas travesuras.
***
Salva se puso su chaqueta de cuero y salió a conquistar: primero, entrar en el centro comercial; segundo, localizar el retrete; y tercero, una peli con Juan y su mujer y, con suerte, un polvo rápido después con su novia cuando saliera del curro.
Juan le había llamado para decirle que se retrasaría un poco porque tenía que hacer una compra rápida. Como tenía tiempo de sobra, Salva pensó que podría comprarse unos pantalones.
Al entrar en el probador, oyó ciertos sonidos extraños, jadeos vacilantes y risitas de placer provenientes del probador de al lado.
«Hay que joderse» pensó Salva «Los niñatos de hoy en día no paran…»
Dio un par de golpes en la pared del probador contiguo, pero los jadeos no se apagaron. Después de probarse los pantalones, Salva pegó la oreja a la pared.
Una de las voces le resultaba familiar. Entonces, se dio cuenta de lo que ocurría: «¿Éstas eran las compras que tenías que hacer, Juan?», se dijo «Podrías habérmelo dicho, chaval. No soy tan chivato como para contárselo a Ana… Estamos en confianza, tío…»
Salva salió del probador y sintió curiosidad por saber quién era la amante de Juan. Se asomó con cautela al resquicio que dejaba libre la cortinilla del probador y allí los vio, metidos por completo en la faena…

«¡Puaj! ¡Qué gusto tiene Juan!» pensó Salva «¡Nunca me han gustado las mujeres con el pelo corto!»



¿Qué os ha parecido? Ya sabéis que si os queréis descargar el relato, lo podéis hacer desde aquí.

En mi opinión, el humor literario está en que el autor confunda tanto al lector como a los mismos personajes de su obra. Creo que en la confusión y en la malinterpretación está la gracia. ¿Vosotros qué opináis?